Mi Kindle

Kindle es el Gadget más chulo que he tenido en mucho tiempo. Llevaba mucho tiempo queriendo hacerme con ebook desde que comenzaron a popularizarse pero el momento era ahora, que la tecnología se había consolidado, había nacido la tinta líquida, y los resultados eran espectaculares.
Sin embargo, en España aún no existen modelos suficientes ni modelos tan populares que tengan una comunidad detrás que sea la que lo levante y le acabe sacando jugo. Así que mientras investigaba las mejores opciones, sin duda los dos candidatos que quedaron en pie fueron el Nook de Barnes&Noble y el Kindle de Amazon.
Ambos eran similares a priori pero a cada uno los separaban pequeños detalles con los que no os aburriré pero que en un primer momento me hacían decantarme por el Nook. ¿Problema de todo esto? Que en España no están a la venta, con lo que la única forma de hacerse con ellos era la importación, un método genial pero que nunca te dará el 100% de seguridad de comprar algo que nunca has visto antes físicamente.
Así que aproveché mi momento y éste llegó unas semanas atrás con mi viaje relámpago a los EEUU. Durante los días previos al viaje le había estado comiendo la cabeza a mi jefe con esto de los ebooks, tanto, que al final acabó él investigando por su cuenta, metiéndose en foros y bicheando todo lo posible para ver cuál era la mejor opción. Para él, era el Kindle de Amazon puesto que iba a sacar en breve una nueva versión revisada de su libro que superaría al Nook pero con fecha de salida incierta por aquel entonces.
La cuestión es que nada más aterrizar en EEUU, volar a St. Louis, conducir hasta Chesterfield y dejar las cosas en el Dudry Hotel, fuimos como locos posesos en busca de nuestros ebooks. Lo recuerdo como una cruzada épica, ya que era mi primera vez en EEUU como sabéis, conducía yo y no tenía ni idea de adónde ir. Estuvimos investigando que en los Target (los MediaMarkt de allí) se vendían ambos productos, así que pusimos en el gps la dirección del más cercano y allí que nos plantamos.
Las carreteras de EEUU por suerte están hechas para inútiles al volante como yo, amplias (muy amplias) y los aparcamientos adaptados para Hummers, así que eran anchos (muy anchos) con lo que llegamos sin mayores incidencias. Una vez entramos en Target, por suerte, no quedamos deslumbrados. Es decir, un MM de aquí es tan grande como pueda serlo una tienda similar allí. Sí, la comida y las raciones son más grandes pero al menos los centros comerciales que visité eran más o menos al uso. Como digo siempre, visto uno, vistos todos.
Fuimos derechos a la zona de electrónica y allí vimos lo que fuimos a buscar. Y, afortunadamente, me alegro de haber ido a buscar el ebook a EEUU en lugar de haberlo importado porque las sensaciones al ver un ebook al lado del otro eran abismales. El Kindle en persona ganaba muchísmo, era guapo, negrito, delgado, manejable…mmmm… Por el contrario el Nook, a pesar de su pantalla táctil y alguna que otra frikada más, se quedaba pequeño en comparación. Además, adolecía de un blanco nuclear que hacía daño a los ojos.
Como a efectos de formatos y compatibilidades ambos (todos) en esencia eran iguales, me decidí al 100% por el Kindle una vez que lo sostuve entre mis manos. El muy granuja supo cómo seducirme.
Con la decisión tomada, empieza el show y vamos a preguntarle al pavo de allí que queremos 2 del modelo con WIFI+3G. Lo había sólo con WIFI (un poco más barato) pero ya metido en el gasto, lo quería con 3G, sólo por vacilar de tenerlo aunque sabía que el 3G no era compatible en España por lo que ya había leído en los diferentes foros gracias a la gente que lo había importado. En otras palabras, tenías 3G en España pero sólo limitado a navegar por la propia web de Amazon para que puedas comprar libros y por la Wikipedia. Y como lo de la Wikipedia me pareció lo suficientemente friki como para justificar el exceso de precio, lo decidí comprar igualmente.
Sin embargo, ¡oh sorpresa!, ¡oh dolor!, ¡oh campos de soledad, mustios collados!, el chaval nos informó de que sólo le quedaba uno disponible ya que se habían agotado todos el fin de semana debido a que el que estábamos pidiendo era el nuevo modelo que habíamos estado mirando en los foros. No hay mal que por bien no venga, pensé. Hemos tenido la suerte de venir justo cuando se había lanzado el modelo revisado.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo resolver esta situación delicadamente cuando te mueres de ganas de echarle el lazo, sabes que probablemente no tendrás otra oportunidad de ir de compras por un país al que precisamente no vas a diario pero apenas conoces a tu jefe y necesitas quedar bien porque tu puesto de trabajo depende de ello? Como un caballero le cedí el puesto y le dije que lo comprara él, argumentando que mi tarjeta de crédito no tiene chip, no funciona bien en las tiendas y que prefería ir mejor a sacar dinero a un cajero antes. Él, agradecido, me dijo que iba un momento al coche porque no llevaba la cartera en ese momento y que ahora volvía.
Como no podía ser de otra forma, aproveche la coyuntura para sacar mi tarjeta que funciona perfectamente y me lo compré para mi sólo :D A su vuelta le solté un “vaya, qué casualidad… resulta que sí funcionaba…” que no sé hasta que punto llegó a convencerle.
El premio gordo vino al llegar a España. Enciendo el 3G y… ¡funciona! ¡por la cara! Resulta que cuando compras en Amazon y envían al resto del mundo, tienen dos modelos: el americano (que no envían, claro) y el internacional (que es el que envían). Así que resulta que vivo pirateando las señales de 3G de Vomistar y Robafone y puedo conectarme a la red, visitar páginas web, conectarme a Facebook y hacer lo que me de la gana como el que tiene una tableta electrónica. El que no se arriesga no gana, supongo. Flama.
Y ésta es la historia de cómo conocí a vuestra madre. No, perdón, de cómo compré mi primer libro electrónico y estoy encantado de haberlo hecho. Me viene de maravilla para leer manga en los muchos viajes que hago, para esas esperas de aeropuertos o los largos paseos en tren a Castellón.
Así que ya sabéis, haced excursión a los USA para pillarlo…
Un saludo y hasta pronto.
Concierto Blind Guardian – 6 Noviembre 2010 – Barcelona

Ya lo pensaba cuando estaba allí y creo que, a pesar de los días pasados, la sensación sigue siendo la misma: este concierto de Blind Guardian ha cerrado un ciclo en mi vida.
Y lo digo porque, a pesar de que es y de que siempre será mi grupo favorito de metal pesado, hubo que reconocer que ya no son ni la sombra de lo que fueron y de lo que me hicieron sentir hace 10 años cuando los viera por vez primera en el desierto de Villarrobledo en aquel mítico Metalway de Nightwish, Maiden o Apocalyptica.
O quizás todo esto sea una metáfora de la vida misma, es decir, me estoy haciendo mayor a medida que mi grupo favorito también se hace. Y de la misma forma que ellos querían ciertas cosas hace 10 años al igual que yo, ellos quieren dedicarse a otras distintas 10 años después al igual que yo. O si no, ¿cómo explicar ese simbólico corte de pelo de mi Hansi cual torero que se corta la coleta? Ahora Hansi ya no es un soldado del metal, ni yo soy tampoco el que vestía de negro con camisetas guarrísimas de heavy a todas partes. Todos nos hacemos mayores, supongo. O dicho en otras palabras: that Peter Pan will never reach the other side.
Sin embargo, este ocaso de los ídolos y de los fetiches, te hace apreciar otras cosas que en tu vida te llenan más y que gracias a este viaje uno puede seguir redescubriendo aunque ya fuera consciente desde siempre, como es la suerte de tener una chica maravillosa que quiera compartir su vida contigo y amigos que te hagan maldecir los 1000 Km. que os separan.
En cualquier caso, y metiéndonos en el faena musical, la noche del sábado sí que se presentaba propicia para un concierto. Había hecho un día estupendo y la noche se presentaba también despejada, fresca y prometedora. Una vez que nos reunimos todos y previo botellón particular de Sunny de fresa (¿veis como la edad afecta?), enfilamos la bonita zona de Montjuïc en busca del club San Jordi, un lugar que a la postre, resultó demasiado grande para la gente que nos dimos cita allí y que hizo que quedara todo más deslucido.
A las 9 de la noche, con exquisita puntualidad bávara, comenzó el show. ¿Sabéis ese típico cosquilleo en el estómago antes de empezar un concierto, cuando apagan las luces y la gente se queda en silencio y expectante? Creo que allí nadie lo sintió…Todos esperábamos a oir el clásico: The field is lost! Everything is lost! The black one has fallen from the sky and the towers in ruins lie…
Pero nada de eso, comenzaron rindiendo homenaje a su nuevo disco con Sacred Worlds, una canción quizás demasiado larga para comenzar que puede que hiciera que no me enganchara ni me metiera en el “partido”. A continuación por fin llegaron Welcome to dying, Born in a Mourning Hall y Nightfall para devolver la sensatez a todo aquello.
A destacar un detalle que se iba sucediendo a lo largo de las canciones y es que en el escenario se iban proyectando de fondo imágenes que acompañaban a las canciones que iban sonando, algunas soberbias y otras más planas pero que en todos los casos se agradecían mucho, ya que no es un detalle definitivo pero sí que ayudaba a crear un mejor espectáculo.
Desgraciadamente, tras los clásicos llegó Fly, con el consiguiente bajón que ello supone, pero rápido se remontó el vuelo (que bien traído, ¿verdad?) con la aclamadísima Majesty. A ésta, un temazo brutal que le siguió, que fue Time stands still y que disfruté muchísimo. Más adelante llegó Traveller in time y el momento mágico de A past and future secret.
Acto seguido vino la para mi un poco anodina Time what is time, una sorprendente A voice in the dark y una decepcionante por completo Imaginations from the other side, la cual no sonó ni mucho menos como me esperaba.
Y en este punto creo que llegó la pausa para los bises. Allí me comentaba Francesc lo absurdo que resulta toda esta tonta ceremonia de que si me voy, que si no me voy que ya nadie se traga. El concierto acaba cuando se encienden las luces y no hay tu tía. Así que a la reanudación, tocaron para concluir la siempre soberbia The bard’s song, siguieron con Valhalla, himno de BG donde los haya, me dedicaron Mordred’s song y cerraron con el habitual Mirror Mirror.
Por todo lo demás, en cuanto al espectáculo, lo que yo ya me imaginaba por el concierto en el que los había visto y por mi dvd del Live. Hansi no es un frontman a lo Bruce Dikinson, aunque tampoco le hace falta. Con los años se han sabido ganar el respeto del público y sinceramente, aunque lo vieras de vuelta y con su pelo corto, sigue cayendo bien, es un tío simpático, hace sus chistes de alemanes y te consigue meter en bolsillo, por mucho Cola-Cao calentito que necesite a mitad de las canciones. Lo cierto es que son grandes.
Lo dejo por hoy, aunque me alegro de haber vuelto a escribir después de un poco de abandono. Espero repetir esta sana acostumbre desahogo en breve porque siempre tengo muchas cosas en mente pero poco tiempo para escribir… tiempo o disciplina, vaya usted a saber.
Lo dicho, Ashes to ashes, but dust won’t be dust. If you go there, I will go back…
Un saludo y hasta pronto.
Impresiones (2ª Parte)

ESTADOS UNIDOS
El viaje a los States fue una pesadilla. Es decir, lo que es el viaje en sí, el mero medio de transporte. Jamás había acabado en mi vida tan agobiado de estar en un sitio. Creedme, ni sufro de mareos, claustrofobia ni miedo a volar, no. Es que eso no hay forma humana de aguantarlo.
La jornada comenzó estando en el aeropuerto de Sevilla a las 6 para tomar el avión de las 7 que nos dejaría en Madrid. Lo tomé como un aperitivo. Seguimos con Iberia rumbo a Chicago en este caso. Los sillones no podían ser más estrechos ni incómodos, las rodillas siempre golpeándotelas con el asiento de delante, el codo del de al lado en tu costado, imposible encontrar una sola posición cómoda… Por no hablar del servicio abordo. En serio, ¿una sola película en más de 8 horas de vuelo? ¿De verdad? Incluso en Renfe no dejan de ponerte películas sólo por hacer algo y que pases el rato. Vale, quizás no fuera tan quisquilloso si no fuera porque no dejan de bombardearte durante todo el tiempo diciéndote que si vuelas en Business, tendrás todas las películas que quieras, todos los canales de radio que quieras, videojuegos y hasta podrás tumbar tu asiento completamente horizontal para que te emborraches y pases el resto del viaje dormido…
Al menos el tipo que me tocó a mi lado era todo un personaje. Un tipo que decía ser español, pero con acento mejicano que tiraba de espaldas y que trabajaba como Navy Seal. También tenía un Hummer, venía de ganar 50000€ en un casino de Mallorca y me estuvo hablando sobre las maravillas que íbamos a encontrar al llegar. Con sus ánimos, desde luego nada podía salir mal.
Después de varios siglos más tarde volando, aunque con buen ánimo y sin nada de jet lag, al fin llegamos a Chicago. Tuvimos suerte que al con retraso nuestro vuelo, eso hizo que nos dieran al bajar del avión una tarjeta especial para poder colarnos en todas las colas del aeropuerto, pasar preferentemente por inmigración (había una cola bien guapa) y también por el control de seguridad. Cuando al final llegamos a la sala de espera para siguiente vuelo a St. Louis la casualidad quiso que nos encontrásemos a otro español más de nuestra misma empresa que se hospedaba en el mismo hotel y que se ofrecía a enseñarnos la zona a la noche.
El aeropuerto de Chicago, molaba. Grande, señorial y con la bandera española junto a la americana en un pasillo enorme con decenas de banderas. Ya en St. Louis y después de un epílogo de otra hora y pico más de vuelo, puse el pie en verdadero suelo americano. Estaba feliz. De alguna forma y aunque fuera de la peor manera posible, siempre había soñado con ir allí. Y en el mundo de los tópicos, me tocó conducir un enorme Ford Focus automático. ¡Vaya una situación! Conducir un coche automático sí que es todo un reto. Que sí, que el coche es para tontos, no hay que hacer nada. Además, gracias a los videojuegos me conocía todas las funciones de la palanca de cambios… Pero claro, sólo tienes dos pedales. A la izquierda el freno, a la derecha el acelerador. Y la inercia es siempre pisar con el pie izquierdo el pedal de más a la izquierda para embragar… resultado: frenazos en seco hasta que le coges el punto. Daban ganas de amputarse la pierna izquierda…
Y sí que debía hacer cosas raras al volante, sí. Y no porque las carreteras fueran malas, que todo lo contrario. Son espaciosas y de montones de carriles, como en las películas. Da gusto ir por allí, de verdad. Pero no estaba habituado a sus semáforos. Tienen la costumbre de poner los semáforos a lo lejos, al otro lado de la intersección. ¿Qué ocurría? Que cuando veía a lo lejos el semáforo en amarillo, iba reduciendo hasta dejar el coche suavemente bajo el semáforo como haces aquí, y cuando te quieres dar cuenta estás en mitad de un cruce del que tienes que salir pitando si no quieres morir hecho un sándwich de coches. Si no me viene una multa, será de milagro. Claro, este comportamiento tampoco pasó desapercibido para un policía que pasaba por allí con su coche y se puso a seguirme. Fui un buen rato con los mismos de corbata hasta que le dio por irse a otro lado. Ahí sí que lo pasé mal, que allí primero te condenan a cadena perpetua y luego ya se verá lo que pasa…
Dejamos las cosas en el hotel de Chestefield (St. Louis no sé ni cómo es) y derechos nos fuimos a buscar una tienda Target para comprarnos un Amazon Kindle de última generación (estrenado el domingo pasado, de hecho) y del que os haré una review porque estoy enamorado de ese cacharrillo. Luego nos fuimos con el compañero ese a la Cheese Cake Factory, primer lugar típico americano a rabiar, donde te pones hasta las trancas de todo. Imaginaos como serían las raciones que el sitio es famoso por sus tartas y ninguno tuvo valor de llegar al postre después de lo que ya llevábamos pal cuerpo…
Al día siguiente curro y de nuevo, vuelta al aeropuerto rumbo a Houston, lo cual sería por suerte 3 noches hasta irnos el viernes. Sin embargo, tampoco os penséis que vi Houston ni de lejos. Todo aquello es tan grande y las carreteras que rodean las ciudades tan enormes que a menos que lo hagas queriendo, puedes ir de cualquier sitio a cualquier sitio sin pisar el centro. Y por desgracia, nuestra oficina estaba a las afueras osea que sólo veíamos los rascacielos a lo lejos.
Pudimos ver al día siguiente a los americanos y su forma de trabajar. Las sesiones de Houston sí fueron verdaderamente intensas. Los americanos tienen una gran capacidad de trabajo y muchas ganas de aprender siempre cosas nuevas. Primero sistematizan y luego, pueden con todo. Y también, se lo comen todo. Jamás había visto una reunión con buffet libre incorporado. En ese aspecto, son mucho más informales que nosotros. No es sólo ya que no lleven trajes ni corbatas, sino que te partes viendo cómo a cada dos minutos un pavo se levantas mientras continúa con naturalidad charlando contigo, se acerca a la mesa y se abre una especie de roscas de pan y las comienzan a untar mantequilla rosa. Chocolatinas, refrescos, comida rápida. Todo, sin salir de tu salón de reuniones. Y lo mejor es que es así siempre.
Al día siguiente sí pudimos tener la tarde libre y la aprovechamos para acercarnos a un outlet de las afueras para ver si aprovechaba algo el cambio y que allí es todo más barato para renovar vestuario. Sí, muchas marcas y todo chulísimo pero tampoco soy mucho de ir de compras. Me pillé unos vaqueros Levi’s (o “Li-vais”) 501 porque no hacerlo era pecado y arrasé un poco con la tienda Converse pero poco más.
Ojalá pueda ir con más tiempo y mejor acompañado para disfrutar más la experiencia del Shopping. Quizás si mi querido big Oviedo me lee, se quiera hacer cargo de unos encarguillos y eso, para que no me fundan en las aduanas si compro en tiendas y me las envían ellos (la-lara-lala…).
Como resumen y para no alargarme más, decir que me he quedado prendado de los USA. Aquello es otro mundo y no es un tópico. Otra manera de pensar, de hacer las cosas, de ver la vida. Ni mejor, ni peor probablemente, pero para mi gusto, repetiría sin dudarlo. Sólo por la comida volvería una y mil veces: por los batidos de McDonalds, por las hamburguesas cuádruples e inéditas de Burger King, por la tipicidad de Taco Bell o Wendy’s…todo ello a pesar de mi horrible experiencia en Pappadeaux. Pero es que de niño he crecido con sus películas, con sus videojuegos, con su música, con su todo… y cuando estás allí, te invade una sensación de libertad, de optimismo y de ganas de querer comerte el mundo, que es una pasada.
O quizás, es sólo que estuve 5 días…






Impresiones (1ª Parte)

Pues por fin en casa. Menudas dos semanas de locura desde que escribí la última entrada como avance de los viajes europeos para SupraKillminds. La cuestión es que al volver de todos ellos, aún me quedaba enganchar este lunes también para la segunda tanda de viajes, los cuales nos llevaban a los Estados Unidos de América, lugar al que siempre había deseado ir. Lo curioso del asunto es que en el avión me planteaba que habrá gente que se muera sin haber puesto un pie en los States (o cualquiera de los otros destinos europeos) y yo, sin embargo, iba para un viaje relámpago donde pondría un pie allí y prácticamente el otro en la salida para volver. No sé si sentirme afortunado o realmente frustrado pero realmente uno va por trabajo y no por placer, así que es lo que toca…
He querido llamar a esta entrada Impresiones porque es lo único que he podido extraer de todos aquellos lugares a los que he ido: meras impresiones. Quizás si alguien más ha estado en alguno de los sitios que menciono me pueda luego corregir y ampliar información de lo poco que he podido ver que, en líneas generales, me ha encantado todo. Lo haré en dos partes, para no hacerlo muy pesado.
EUROPA
La semana comenzaba en un viaje en avión el domingo por la tarde desde Sevilla con destino a Bilbao. Nada más poner el pie en la calle (del aeropuerto, claro) e ir hacia el sitio de alquiler de coches, se nota que has cambiado de aires, literalmente. El País Vasco está fresco y verde. En esta época del año al menos parecía una gozada. El aire lo notabas 100 veces más puro que en Sevilla y te llenabas de una simple bocanada.
También se nota que hay dinero. Una vez que tuvimos el coche (un pedazo de Seat León que pedía guerra como pocos coches he conocido) enfilamos GPS con dirección San Sebastián para hacer noche y pudimos ver el cuidado de las carreteras, sin duda mucho mejores que las de aquí, con la mayoría de tramos de 3 carriles. Muy cómodas y seguras.
Al llegar a San Sebastián y aún a pesar de ser tarde, quisimos aprovechar para ver el centro con la intención de degustar los famosos pinchos vascos. Desde luego esa fue una de las normas de nuestro viaje. Ya que no podíamos disfrutar de tiempo para turismo, al menos para las comidas seguiríamos y buscaríamos las tipicidades locales allí donde estuviéramos.
San Sebastián estaba preciosa aquella noche. Como digo fresca y llena de vida, no en vano daba la casualidad de que aquel domingo se celebraban las carreras de traineras que son una vez al año y el centro estaba lleno de gente desfasadísima con borrachos y pasados de vuelta por cualquier esquina. Lo poco que vi de la Playa de la Concha iluminada de noche desde luego me dejó con ganas de volver algún día con más tiempo. Debe estar genial pasar un fin de semana allí.
De pinchos nos pusimos hasta las manillas. Cosa mala, oiga. Estuvimos en dos sitios diferentes y en todos ellos arrasamos con todo. Qué dolor de tripa tenía luego pero es que todo tenía una pinta tan buena que te invitaba a probar uno y otro. Y como no son tontos y tienen la costumbre de sacarte toda la comida a la vista en la barra, tan bonita y presentada, te hace llenar los ojos y que pidas sin pensar…
Lo siguiente fue levantarse bien, bien temprano por la mañana para llegar a las 8 a Lacq, en los Pirineos franceses. Otra gozada el viaje en coche por esa zona tan “chunga” del País Vasco-francés que uno no sabe si de verdad se encuentra en Francia, España o en ninguna de las dos… Una vez terminado nuestro trabajo, enfilamos el León al minúsculo pero funcional aeropuerto de Pau rumbo a Bruselas, previa escala en el aeropuerto de Lyon-Saint Exupéry (famoso escritor y aviador nacido allí).
Bruselas era una ciudad que prometía, ya que al menos obraría como campamento viaje desde el que hacer los posteriores y podíamos al menos dejar nuestras ropas por un par de días en un mismo sitio, cosa que en esta clase de viajes de pesadilla se agradecen no sabéis cuánto. Esa misma tarde-noche ya fuimos a dar un garbeo por el centro, ya que estaba a dos calles del hotel y ciertamente me quedé fascinado con la Gran Plaza. Toda Bruselas rebosa un glamour que converge en dicho enclave. Boutiques de ropa y chocolates por todas partes, el niño meón, calles abarrotadas y una ciudad llena de vida por todas partes. Nada que ver con la idea de ciudades sombrías de la Centro-Europa de otro tiempo. La inmigración está tan presente allí que ha traído nuevos bríos y a pesar de ser tarde para cenar, no tuvimos problemas en hacernos sitio para comer allí porque como os digo, había gente a rebosar no importaba la hora. Bruselas debe ser un sitio alucinante para hacer una Erasmus.
Y caro, eso sí. El nivel de vida allí se nota que es otro y mucho más alto. Lo que nos clavaron el restaurante por unos entrecot y unas cervezas dignas de un emperador sólo quedó compensado por el hecho de haber probado las mejores patatas fritas que comeré en mi vida. Ya sabía que los belgas eran famosos por sus patatas fritas pero creedme, la realidad supera a la ficción y aún se me hace la boca agua al recordar esos peroles de patatas que te dan para acompañar cualquier cosa. Hasta lo más típico de allí, que son los mejillones, la peña los acompaña con fries. Ora mejillón, ora patata frita. Digno de ver. Y todo con las manos, como el que come pipas.
Nueva mañana y nuevo viaje en coche destino Rotterdam. Henchido de orgullo que iba yo con nuestro Ford Fiesta por tierras que alguna vez fueron nuestras. Ver el cartel de Breda por la carretera no tuvo precio. Lógicamente los Países Bajos nos recibieron con lluvia, como correspondía, y tras el trabajo, puse directamente en el GPS la dirección de nuestra coffe-shop de confianza. El resto de detalles del viaje holandés (nunca mejor dicho) me lo reservo para contar en persona ;)
A final del día, vuelta a Bruselas y a la mañana siguiente, rumbo a las Gravelinas, esta vez en el norte de la France. Nada que destacar de este viaje, salvo el hecho de ver por dónde desembocaba el Túnel de La Mancha, muy cerca de Dunkerque y con el tiempo justo para esa misma mañana volver a Bruselas y tomar el avión con rumbo a Copenhague. Mismo rollo que con los demás. En Copenhague sólo estuvimos el tiempo de que, esta vez yo, tomara el nuevo coche (en espectacular Citroen C5) y nos fuésemos por el puente que une Dinamarca y Suecia.
Conducir por el Puente de Oserund, de noche, y con vientos que azotaba tu coche y casi te hacían perder el control del mismo, fue toda una experiencia. El puente es una pasada. Más de 7 Km. a más de 50 metros de altura. Digno de provocar vértigo a aquel que lo sufra. Todo ello con final de trayecto que nos dejaba en Helsimborg. Esta fue otra pena de viaje. Llegamos allí sobre las 9 de la noche y, a diferencia de lo que os decía para Bruselas, todo allí estaba más que muerto y no teníamos nada que hacer, así que regresamos al hotel, cenamos algo de caviar y vuelta para la habitación.
A la mañana siguiente, nuevo madrugón para la vecina Landskrona, terminamos allí la presentación, enfilamos de nuevo el puente (esta vez de día, pero igualmente una belleza), regresamos a Copenhague, de allí a Madrid, donde nos esperaba un retraso y una espera en la Sala Vip de Aena hasta más de las 11 de la noche del vuelo a Sevilla. Finalmente, me fui a dormir la madrugada del jueves al viernes a eso de las 2 de la mañana.
Suena el despertador a las 7, vuelta a la oficina…
















